ADMODUM

 

ELOGIO DEL OLVIDO

Es un placer haber nacido otra vez, cuando los destellos extirparon mis recuerdos. El olvido es otra interpretación de la realidad: gracias a este prodigio de mi mente, la memoria ya no me fustiga y estas luces que se mueven -¿fuera de mí?-, como si hubiera nacido yo con ellas, son mi nueva familia, mis nuevos colegas, mis nuevas novias. Sin pasado se vive mejor entre las sombras.Cuando llegué no suponía que el tiempo tuviera tantas aristas. Por eso cercené mi pasado, como una lagartija puede desprenderse de su cola para huir del peligro.

Yo soy más importante que mis máscaras: aquí soy el actor principal de mi drama. Sin futuro, lo más importante de un viaje es el viajero.

Ahora que sé que la verdadera humildad es reconocer lo que necesito y cogerlo. También sé que la verdadera soberbia es suponer que no necesito nada, que no soy como los demás, que estoy por encima de ellos y de sus necesidades… La verdadera estupidez es no llegar a ser humilde.

Estoy vadeando abrazos. Será porque, a pesar de que no recuerdo quién me las hizo, me escuecen estas rozaduras de mi piel enrojecida, que ahora puedo mirar sin derramar una lágrima. No quiero una cuenta más en el collar de adioses que adorna mi cuello.

Vuelvo la cara ante quien se cruza conmigo en la acera. Esas bolsas de basura son exclusiva propiedad vuestra. Siento el mármol en que se está convirtiendo lo que hasta ahora ha sido mi cuerpo. La soledad de los que aún me ven no me incumbe. No hacer nada, pasear en la noche y esperar el metro que nunca llegará, porque yo tampoco llegaré a ningún sitio…

Si llenara la calle de perdones, no quedaría ni un adoquín libre para colocar una sola culpa…

La rabia cansa; el odio agota.

Desde mi eterno presente, renuncio a la réplica. La ciudad y su contraluz están tiñendo la esperanza de gris y sepia. Es el retrato de este olvido que elogio.

Francisco Martinez Navarro  2016